Hace mucho, de estudiante, inocente, dormido, para escaparme de mi casa, o hacer alguna travesura, tuve dos momentos de la historia del fútbol, para ver, y recordar. Uno, desgarrador; el funeral de los integrantes del Torino, “Il grande Torino”, aquel equipo legendario, irrepetible, ejemplar, en un momento, terrible, después del accidente, el cortejo, la tarde lluviosa, desolador, penetrante. Otro, emocionante, hasta las lágrimas; un trabajo con los goles de México 70; todas las figuras, Beckenbauer, Rivera, Pelé, por supuesto, Banks, Jairzinho, todos, el Brasil - Inglaterra, Italia – Alemania, la final en el Azteca; pues, de hecho, hace tiempo no lo veo, pero, solo recordarlo todavía, me emociono, lloro, como si fuera la novela de la tarde.
Esos dos, pero, después hay muchos más; ver, escuchar, leer, siempre, sobre Sir Bobby Charlton campeón del mundo, Garrincha, el Brasil del 82, estos días, River Plate del “Bambino” Veira, ganador de todo también, aquí local, todos los equipos a cargo de “Pacho” Maturana, desde el Once Caldas revelación del 86, el “Pibe”, el Athletic de Bilbao, el monstruo de Lieja, la guardería de “Txingu”, etc; son infinidad, interminables, mis favoritos, míos. Me quedo con ellos, me gustan mucho, más que porque atraen mi atención, son mi juego, mi cena, mis “snacks”, me gustan porque, son como son. Así, evidentes, al natural, hablan por sí mismos, no necesitan un escritor, o una cadena de televisión grande, con todas las cámaras del mundo, o una afición, una hinchada, que dé fe, los siga a todas partes; gente de fútbol, equipos, momentos así, captan la atención, el cariño total, por como son, sin publicidad, o sin internet; contenidos así, escriben historia, hacen el juego, de todos, y mi juego también.
Hoy, haberlos, no creo, para mí. Todo es, hoy, muy estilo “El Padrino”, no hay evidencias, todo es a conveniencia. Estamos en la globalización, televisión de alta definición, tiempo, espacio, al detalle; pero, ya sabemos cuál es mejor equipo del mundo, el Balón de Oro, o cómo va a quedar el clásico, o la final del mundo,ya sabemos qué recordar, antes que ocurra; no hay espacio, lugar, para el presente, observar, crear historias, contemplando, al natural, sin prejuicios, o condicionamientos. Aunque haya sido un juego memorable, una lucha noble, aquel jugador, equipo, hayan entregado una sinfonía de juego, una obra maestra; será mejor, el ídolo, mediático, el de los anuncios, o va a ganar todo, el que le gusta a todo mundo “porque dicen los especialistas”; especialistas; ahora se vale también, hablar, escribir, comunicar, con la camiseta puesta, todo para los favoritos, los demás son unos extraños, fulanos, hay que caerles, aunque sean un cordero del Señor; y si de pronto, las cosas no salieron como esperábamos, es que es “un fracaso”, o “así es el juego”. Yo, gracias, me salí de eso, no necesito medios, confío más, en mis ojos, mi paladar, me gusta más River Plate, de Uruguay, o de Gorosito, Manchester, Ronaldo, Liverpool, ver, escuchar, sin que me impongan quién es mejor o peor, ver una pieza de juego, belleza, nobleza; así llegué a mis favoritos, así se consiguen las cosas, y pues, para mí, aquellas cosas, son más que cualquier otra gloria, insana, material.
Bailemos otra vez
-
Vamos otra vez. Vamos al salón, el mosaico, el solar. Dejarnos ir, podemos
celebrar, tocarnos, pasear juntos en altamar. Como en la academia, el
“Dojo”, cu...
Hace 1 día
